La terrible y dichosa vida de irte a vivir “solo”

Se supone que nuestra generación es particular por no querer dejar el nido de mamá y papá a temprana edad, según estadísticas somos la generación que más años vive con sus padres.

Para ser sincera yo a mi edad aun viviría con mis padres, pero las circunstancias no me lo permitieron y en parte no me arrepiento de nada.

Comencé a vivir “sola” cuando inicie mi carrera universitaria, el lugar donde mis padres viven es un rinconcito entre el cielo y la arena, pero de lo más aburrido posible. Así que me vi obligada a dejar el nido familiar y darme a la tarea de vivir una vida independiente. No fue fácil aun es complicado, en mi caso me vi con el gran inconveniente de que no se cocinar nada, soy pésima lavando ropa a mano y para mi desgracia me enfermo muy seguido de gripe, el primer mes fue una pesadilla no comía ya que mi compañera de casa nunca estaba y me daba una cierta tristeza comer sola, dormía poco y me estresaba pensar no tener nada que hacer; las fiestas, el alcohol sin límites, salir y que a nadie le interese a qué hora llegas y a qué hora te vas, no tener a la mamá gritona que te dice “Lava los trastes”, “barre”, “Limpia el baño”, “Limpia tu cuarto” etc. tener la terrible libertad de acostarte a ver el y caer en depresión.

Vivir solo es una aventura y se va asimilando tanta libertad cuando en algunos casos como el mío jamás se tuvo, durante mi adolescencia yo no salí de fiesta hasta tarde, no me dejaban salir con mis amigos y jamás llegue tarde a casa, mi padre era demasiado estricto para permitir que su hija se le descarriara.

Entonces al llegar a vivir sola encontré una libertad que no conocía, podía hacer lo que yo quisiera, nadie me llamaría la atención por mis actos, así que confieso me aloque sólo un poquito, salí de fiestas e intente vivir la vida loca al puro estilo de Ricky Martín, pero eso no duró.

Un día despiertas, la cocina está sucia, no tienes ropa que ponerte, no hay más que cátsup y mostaza en el refrigerador, debes comenzar a poner las cosas en su lugar. Limpias tu casa y te das cuenta de lo satisfactorio que se siente ver todo tan reluciente, preparas tu primer arroz lo más probable es que se pegue o se bata, pero lo comerás y decidirás llamar a tu mamá la próxima vez y quizá le pidas una que otra receta sencilla y barata que ser estudihambre no es fácil.

Decidirás crearte hobbies, y quizás conseguir un empleo mediocre de fines de semana para poder ayudar a tus papás en los gastos, empiezas a ser consiente que si no dedicas un día a lavar ropa no tendrás que ponerte la próxima semana, que si no sacas la basura le salen gusanos, que al menos teniendo jamón, queso, huevo y tortillas podrás comer de manera un poco más saludable.

Crearas una rutina moderada, a veces te agobiaras y sentirás que no puedes con esta vida llamaras llorando a mamá y le pedirás consejos; extrañas su comida y tienes una gripe horrible, no hay nadie que te cuide, debes ir por medicina y preparar tus propias sopas y tés.

Los días pasaran y aun extrañaras la casa de papá y mamá, pero al visitarlos vas a darte cuenta de que ya no encajas tampoco ahí, te gusta esa independencia aunque a veces sean los días más bastardos que no puedes ni pararte de la cama y creas que la vida no tiene un propósito, los días buenos llegaran y olvidaras esos problemas existenciales que te perturbaban.

Este camino que inicias solo no siempre debe de emprenderse en completa soledad puedes conseguir al menos dos seres retrasados con los cuales quejarte y relajarte de vez en cuando o sólo ignorarlos porque no estas de humor para hablarles, esos serán tus roomies, pero en esta ocasión no hablare de ellos lo dejare para el próximo sábado, solamente me queda decir, arriésgate a vivir la experiencia de independizarte, lo peor que puede pasar es tener que regresar con tus padre y volverlo a intentar.

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Yoselyn Munoz

Loca amante de los gatos, del cine, la música y la lectura, periodista apasionada, estoy en el proceso de convertirme en un adulto responsable o eso intento.