Detrás del escenario, el trasfondo de ser creador: Annie Atkins

En el futuro todos tendrán sus 15 minutos de fama mundial

– Andy Warhol

 Lucio Rogelio Ávila Moreno

Hace poco se lanzó al mercado la película “X- Men: Días del futuro pasado” (2014) de Bryan Singer, con la pequeña variante que ahora se llama “La versión de Rogue”. La diferencia radica en que esta “nueva versión” (entrecomillado y con pinzas) adhiere a la historia las escenas donde participa el personaje de Anna Paquin sumándole al metraje un aproximado de diez o quince minutos más. Para los amantes de la saga de estos superhéroes que vieron la pantalla grande en el 2000, Anna Paquin como Rogue es un personaje imprescindible en la primera entrega.

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Al inicio del milenio cuando los superhéroes no estaban hasta en la sopa, como ahora nos acosan en cada sala de cine con sagas y secuelas, “X-Men” (2000) de Bryan Singer era una película con “escenas de acción”, no un “filme de acción”. La nueva incursión en personajes con súper poderes discriminados por ser diferentes y representar la “otredad” rescataba el espíritu de Stan Lee de finales de los sesenta, con la denuncia social sobre la discriminación hacia todos aquellos que no representaran al hombre blanco, maduro y de poder adquisitivo: los negros, los homosexuales, los judíos, los latinos, los migrantes, las mujeres que se atrevían a cuestionar el orden machista, los travestis, las aparentes minorías que en sí representaban una mayoría relegada a la sombra.

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Con el paso de los años el espíritu del milenio que tanto retoma, recorta, cita y homenajea al pasado (como los “X-Men” de Singer herederos de “La Patrulla-X” de Stan Lee) decae en la apertura del mercado. Probablemente siempre ha sido así, para sobrevivir en casi cualquier medio es necesario aprender a jugar el juego del capital (el mercado). Ahora no basta con extender la trilogía inicial y conectarla con una nueva saga, más allá es necesario sacar “nuevas versiones” con diez minutos extra para vender un mayor número de copias. “La versión de Rogue” es más de lo mismo, o mejor dicho: es exactamente lo mismo pero con el personaje de Paquin abogando por la nostalgia. Si eres seguidor de la saga es muy probable que compres una copia con tal de tener los diez minutos extra. Probablemente tampoco hay nada malo en ello, somos una especie bastante fetichista los humanos, nos encantan los objetos, les guardamos en nuestras pequeñas cuevas llamadas casa-habitación, las películas en mi caso son misteriosos talismanes de estudio e inspiración.

También lo más importante de esta nueva copia-versión es que tiene un disco de material extra con entrevistas, documentales, making off que despertó una inquietud ya antes removida: ver cómo se hace una película conlleva el conocimiento de las miles de personas involucradas en el megarelato que significa el cine. Un proyecto cinematográfico, por pequeño que sea, conlleva no sólo al director, guionistas, director de fotografía y los actores, sino también todos aquellos maquillistas, vestuaristas, diseñadores gráficos, directores de arte, planificadores de horario, asistentes de dirección, asistentes del asistente, jala cables, constructores, arquitectos, técnicos… un mundo más allá de lo perceptible. Y de repente Ana Paquin y la nostalgia poco importa ante la magnitud del trabajo invertido en una película, cualquiera que haya participado en un proyecto de cortometraje sabe de la tarea que se presenta en la preproducción, es importante hasta el bocadillo que se dará a los actores y al equipo técnico en el receso de la filmación, cada detalle cuenta.

AnnieAtkins_1Esto me llevó a pensar que efectivamente como comenta Gilles Lipovetsky en su libro “La era del vacío”(1983) vivimos en una época donde prepondera el individualismo y la meritocracia, que llevado al extremo y la actualidad, todos desean ser pequeñas estrellas mediáticas al exponer constantemente cierta parte de sí mismos. La escenificación y teatralidad de cada individuo se ha convertido en algo consciente, todos sabemos de qué manera proyectarnos en las redes sociales: facebook, twitter, instagram, tumblr, pinterest, youtube (por mencionar algunos), pero estos espacios no suelen crear comunidades sino individuos. La opinión, por más banal que sea, ha tomado importancia. Somos semi-expertos, como presentía con cierto optimismo Walter Benjamin en su ensayo “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica” (1936), el problema es que somos una especie de semi-expertos descocados que opinan sin fundamentos, investigación o mapeos, de alguna manera la opinión en las redes sociales se ha abaratado. Ya cualquiera busca realizar video-blogs con el propósito de ser famosos sin el menor esfuerzo, figuras de opinión sin mayor conocimiento. Todos quieren ser Anna Paquin: la actriz reconocida, visible, adinerada, lo que obvian es que Paquin picó piedra desde los diez años cuando actuó en “The Piano” (1993) de Jane Campion, incluso antes. Muchos quieren ser actores, pocos desean trabajar tras bambalinas.

Annie Atkins trabajó para la serie “The Tudors”

Detrás del escenario hay mucho trabajo consciente para que las películas y los proyectos tengan el peso de la credibilidad. Una de las grandes artistas del diseño, cabe destacar que ella no se autodenomina de esta manera, es Annie Atkins, diseñadora gráfica con quién tuvimos la oportunidad de entrevistar en la última emisión del Festival Pixelatl (Septiembre 2015), además asistimos a su ponencia en el marco de Clases Maestras impartidas en el festival. Atkins trabajó para la serie “The Tudors” (2007) donde hizo los carteles, el minucioso decorado, participó en dirección de arte y el diseño de la caligrafía. En la entrevista comentó que una de sus grandes inquietudes se refería al empleo de un diseñador gráfico para el trabajo hecho en el periodo “Tudor” (1480 – 1600), sin embargo al emprender la tarea pudo percatarse que los diseñadores siempre han existido, solo que no se les denominaba con dicho término.

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Dentro de sus trabajo destaca “The Boxtrolls” (2014) de Graham Annable y Anthony Stacchi, película de animación donde colaboró en el diseño de las cajas que visten los personajes, las cajas definen no solo el nombre sino la identidad de quién las porta, así que el trabajo de visualizar la esencia de cada uno de los pequeños monstruos se encuentra decantado en el diseño que les recubre. Actualmente trabaja en la serie “Penny Dreadful” (2014) de John Logan, historia que acopla en su engranaje a personajes como el Hombre Lobo, el Doctor Frankenstein, Dorian Grey, relatos detectivescos con referentes a Conan Doyle y la obsesión de la sociedad victoriana por los jeroglíficos y la cultura egipcia, el espiritismo, así como una imagen de la feminidad monstruosa encarnada por Eva Green, tan misógina como hipnótica se relaciona simbólicamente con las endemoniadas, las histéricas, ninfómanas y brujas de salón con estética simbolista. En todo este tejido la historia no tendría profundidad sin el manto que le recubre, hacer de la fantasía algo creíble es parte del trabajo del diseñador gráfico. El diseñador se encarga de los letreros, carteles, pinturas, retratos, tipografía, sellos, estampillas, periódicos, cartas, ellos visten la extravagancia de los personajes, un trabajo manual y meticuloso. En su ponencia comentó que es mejor hacer el trabajo de forma manual para después retocar digitalmente, hacer el proceso a la inversa solo causa problemas.

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Atkins no se vanagloria de su trabajo, en la escuela de cine decidió que no quería dirigir actores, no le agrada mucho interactuar con otras personas, confiesa que lo suyo es trabajar en su escritorio con papeles arrugados y sangre falsa, se encarga de los pequeños detalles que quizá nadie nota a primera vista pero que sin ellos las películas carecerían de peso y autenticidad. En ocasiones se pregunta el valor de las pequeñas cosas, sin embargo expuso un punto importante: cada pequeño departamento pertenece a uno más grande, que a su vez se instaura en otro aún más grande, todos deben hacer su trabajo para que la película funcione, sin ella el espectador se despega del texto, del producto final, ¿es posible creer en la locura creativa de Víctor Frankenstein sin la atmósfera que le rodea? El diseñador gráfico ayuda en la elaboración de la atmósfera, en la conexión con el espectador.

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En la entrevista también le preguntamos sobre el trabajo que no se menciona mucho en su biografía, sabemos que trabajó en “The Tudors” y “The Grand Budapest Hotel” (2014) de Wes Anderson, ¿pero qué paso antes de estos grandes proyectos? Atkins nos contesta que trabajó en pequeñas series británicas, ella es irlandesa y al culminar sus estudios se dirigió a la estación de televisión local donde obtuvo sus primeros trabajos. Atrévete, nos dijo:

“Nadie te va a esperar, realiza pequeños trabajos, en ocasiones son los más divertidos”

Su incursión por la televisión le llevó a una serie televisiva sobre el hundimiento del Titanic. Cuando le comentó a sus amigos sobre su nuevo trabajo varios mostraron su desencanto ante otra producción sobre el barco que se hunde, ¿qué más se podía contar sobre la tragedia llevada al éxtasis por James Cameron? El problema es que nos fijamos todo el tiempo en la historia, en quién dirige o actúa. Ella no dudó en tomar el trabajo y desempeñar sus habilidades para incursionar en el diseño de inicios del siglo XX. Cuando Wes Anderson le contrató se fijó en el trabajo hecho para la producción, no en la historia del Titanic.

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En un mundo donde la visualidad prepondera es bueno retomar la imagen no como una especie de marketing personal (con figuras mediáticas de contenidos vacíos hablando por la web o la televisión frente a una cámara) sino para dar peso y autenticidad a los productos audiovisuales, “los diseñadores gráficos están ahí, en cada película, serie de televisión, si viste ayer Netflix había el trabajo de un diseñador gráfico involucrado”, comenta Atkins. Es necesario despojarnos del espíritu competitivo que busca los cinco minutos de fama, todos podemos trabajar como pequeños individuos que cooperan con sus diversas habilidades entorno a un proyecto en comunidad. Esta fue una de las tantas ideas que nos llevamos de la entrevista y ponencia con Annie Atkins en el Pixelatl.

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Lucio Rogelio Avila

Adicto al cine, el arte, la música, la literatura. También al café. Sufro de sinestesia emocional.

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