Kung Fu Panda 3: El humor sigue vigente

“ Kung Fu Panda 3 ” (2016) de Jennifer Yuh y Alessandro Carloni es la posible conclusión de la saga del ingenuo, pero encantador panda, que practica las artes marciales. En esta última entrega el protagonista, Po, sigue sin encontrarse a sí mismo, al parecer, pelear contra los malos, hacer entradas glamurosas y espectaculares frente al pueblo, así como servir fideos calientes, no es lo único que importa en la vida. El pupilo se convierte en maestro, y además se le encomienda el entrenamiento de sus iguales.

facebook twitter  Lucio Rogelio Ávila Moreno

Kung Fu Panda 3: El humor sigue vigente

La tercera entrega de la saga propia de DreamWorks, es ligera y entretenida, Po sale de su zona de confort, aunque no por ello la producción hace lo mismo en cuestión de historia. La película funciona al tono de sus predecesoras, menos obscura que la segunda, sin tanta inventiva como la primera, con humor familiar, fresco, de ritmo ágil, cuenta una historia sencilla donde el conocimiento debe ser compartido, en una noción idílica donde la docencia no busca forjar a los alumnos a imagen y semejanza de una institución, sino a partir de las capacidades y habilidades de cada individuo.

Se profundiza en personajes secundarios como las figuras paternas, descuidando en gran medida al resto de los personajes, salvo el principal, los demás se encuentran inmersos en la funcionalidad de la trama. Aún así la película comparte pequeñas nociones optimistas como el poder de sanación que se encuentra aunado al conocimiento, siempre y cuando se relacione con otros seres vivos en constante armonía, la exploración de la propia identidad (sin tanto ahondamiento como su antecesora), así como la búsqueda e imposición de nuevos retos, por ahí resalta la mejor frase de la película, cuando el maestro Shifu le dice a su pupilo, que si hace lo que siempre sabe hacer, entonces nunca llegará a más.

Sus guiños al conocimiento y su praxis son alentadores, sobre todo cuando se apegan a un personaje tan amigable como lo es su protagonista, quien nunca se jacta de ser mejor que nadie. La historia sobre la búsqueda familiar es escasa, se aprovecha poco e incluso es predecible, también decae un poco al momento de aunar el conjunto de mensajes y moralejas inmersas en el metraje, es un discurso hecho de esbozos, se disfruta y divierte, los gags funcionan, pero al final se presiente difusa su cohesión. Será que la identidad de Po ya estaba bordada desde la primera entrega, no hay mayor misterio, algunas metáforas se han desgastado, pero por suerte el humor sigue vigente.

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Lucio Rogelio Avila

Adicto al cine, el arte, la música, la literatura. También al café. Sufro de sinestesia emocional.

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