La publicidad ambientalista, parece segregar a un sector de la sociedad, haciéndonos creer que el cuidado del planeta solo le corresponde o es viable para ser aplicado por clases sociales altas; pues parece que los productos que menos contaminan, son más caros, o que las practicas ambientalistas solo pueden aplicarlas comunidades con valor adquisitivo alto. Pues el sustituir el uso de algunos productos a veces también es una cuestión de conocimiento; información que honestamente no está hecha para todos, o productos que no cualquier tiendita de la esquina los vende, sino que a veces solo están en los supermercados en los que se necesita contar con una membresía, o bien en el supermercado en el que vas sin membresía pero hemos de tomar en cuenta que estos supermercados son para clases medias y medias bajas, y si estamos bien informados, sabremos que  la población, al menos mexicana, está mayormente conformada por la clase baja. Estamos hablando de salarios de apenas los 4mil pesos mensuales; para quienes realmente sus compras son hechas en las tienditas de la esquina y con la primicia, “de lo que esté más barato y rinda más”.

Entonces digamos que la población más grande que habita el país de México difícilmente aporta al cuidado del planeta y no por falta de ganas sino por la desinformación o por la oferta tan limitada de productos biodegradables que llegan al alcance de sus manos a la hora de hacer sus compras.

Por eso digo que la publicidad segrega, porque ahí sí que se necesita contrarrestar esa falta de productos que no llegan, con enseñar a través de la publicidad necesaria practicas ambientalistas, que no suenen complejas y que sean lo suficientemente sencillas para un estilo de vida donde repito la primicia es ahorrar.

Por poner un ejemplo hace unos meses vi un documental “Period End of Sentence” (Está en Netflix, véanlo es muy bueno, menos de 30 min.  Con información extraordinaria) en el que se ilustra cómo, en un lugar de la India, la fabricación de las toallas femeninas es algo totalmente nuevo, un progreso. Y realmente al verlo, es maravilloso darse cuenta, que cientos de mujeres por primera vez dejan a un lado los trozos de tela, incomodos y llenos de probables infecciones, por una toalla femenina, la cual en su elaboración activa a toda una gran comunidad de mujeres, empleándolas, etc. Realmente el documental es maravilloso, hasta que uno razona,  la década en la que nos encontramos y de la inserción de la copa menstrual, que ha sido ya de por sí muy difícil sustituirla por las toallas femeninas o tampones. Ahora querer sustituirlas, en donde apenas la toalla femenina se está usando, ya que hasta por cuestiones ideológicas esto hasta ahora es una realidad; la copa menstrual suena como algo que en un futuro muy lejano sea una posibilidad.

Y pues como ya sabrás las toallas femeninas es uno de los productos de contaminación masiva, la necesidad de este producto es enorme y aunque tenemos una opción innovadora, más cómoda y totalmente benéfica para el medio ambiente, con la copita; pues es algo que ni los que tienen la consciencia de su uso han cambiado a ella por complejos, ignorancia etc.

Pero el punto es la comunidad que quizás si quisiera aportar a la protección del medio ambiente y más si saben que les traerá ahorro a sus bolsillos, pues es una opción mucho más económica, esta parte es en la que se segrega a una sociedad pues son alternativas que están planteadas para la sociedad que vive en el mundo orgánico.

La clase baja podría tener acceso a estos productos como es la copita menstrual, así como tiene acceso a un preservativo, por medio de la salud pública, pero son opciones que no se presentan en un centro de salud ni si quiera un spot en donde promuevan esto.

No se necesita ser ese símbolo de protesta por el clima, solo acercar la información y las alternativas a los sectores que faltan que las conozcan, a los sectores que tal vez no pueden comprar todos los productos amigables con el medio ambiente. Ojo, hay que tomar en cuenta que los productos biodegradables no siempre son más caros, o no tanto, pero estamos hablando del sector de la sociedad para la que un peso lo representa todo, entonces es aún más difícil hacer cambios, si tú con acceso a la compra de hasta desodorante eco-friendly batallas, imagina quien no tiene acceso a esos productos, a ese estilo de vida , por falta de información, cómo es más complicado adquirir algo que ni si quiera sabe que existe, porque las máximas campañas que llegan a este público son de compañías refresqueras, de chatarra, o electrodomésticos y dichas campañas nunca hacen inserción de la contaminación y de lo viable y económico que se vuelve cuidar el medio ambiente.

Por ejemplo las casas o construcciones sustentables, realmente primero se basaron en esa vida sustentable que llevan lugares, en los que el conseguir energía aun no era viable, entonces creaban sistemas de captación de viento para generar energía mediante molinos, captación de agua de lluvia para uso humano, etc, hasta que durante décadas esto se fue volviendo del interés de muchos otros y se comenzó a construir sustentablemente, ¡pero oh segregación de nuevo! pues estas edificaciones han sido promovidas en sí para un nivel económico de vida alto,  los paneles solares, sistemas de riego, etc no son los que se promueven en las casas que construye el INFONAVIT entonces el ahorro y el cuidado del planeta una vez más queda únicamente en manos de los que más tienen.

Una de mis amigas por ejemplo, empeñada en cambiar esto, ha propuesto en un proyecto de tesis implementar conjuntos habitacionales totalmente sustentables para clases medias bajas y bajas; y realmente desde la investigación fue un desafío pues es un tema novedoso, porque la sustentabilidad parece no estar diseñada para todos las clases sociales y construir de manera sustentable requiere de ciertas condiciones para las que nuestro país aún no está capacitado, menos para hogares de sueldos bajos.

Pero seamos optimistas, repito el contexto a grandes rasgos es este, pero las alternativas y los actores del cambio si nos andan rondando con alternativas realmente buenas. Hace falta esparcirlas con quienes de verdad no las conocen y también ser comprensivos, no vivir en la utopía, tomar en cuenta que aunque nos cueste creerlo, los salarios y el estilo de vida, influyen mucho a la hora de querer cuidar el planeta; eso no perdona o quita responsabilidades a quienes menos tienen, pero si nos tiene que hacer reflexionar y generarnos una nueva etapa de ayudar a que las clases más bajas ayuden sin afectarse.

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