Sing: ¡Ven y canta! Un antidepresivo cinematográfico.

Ya desde la primera secuencia de “Sing: ¡Ven y canta!” (2016) de Garth Jennings se presenta un anhelo por el teatro y el musical. No es fortuita esa primera mirada que sigue al público al interior del teatro, les ve acomodarse en sus lugares para posteriormente inmiscuirse tras bambalinas donde un grupo de animalitos arreglan el vestido a una ataviada diva que está por salir a escena.

 Lucio Rogelio Ávila Moreno

Esta introducción funciona para conectar con la emoción que experimenta el pequeño Buster Moon, un koala que desde pequeño se siente atraído por el teatro. Con los años, y gracias al trabajo de su padre, compra aquel antiguo teatro para montar sus obras, sin embargo, no ha logrado tener éxito y adquiere múltiples deudas. Aquel bello prólogo donde la diva cantaba bajo la luna (que cabe mencionar era una oveja, toda “Sing” está protagonizada por animales) no se desmorona ante los líos económicos del koala, es de hecho el punto de partida y la problemática de la historia.

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El señor Moon evita las llamadas de la emisaria del banco (una llama fría y desalmada… como suelen ser ciertos ejecutivos del banco), planea la manera de salvar su teatro al lado de su amigo Eddie y la vieja iguana señorita Crawly, quien se debe afirmar sin temor a la equivocación, es uno de los personajes que más risotadas despierta en el espectador, ella y sus pequeños deslices repletos de ingenuidad dinamitan los equívocos que aderezan la trama. Finalmente, la posible solución a la bancarrota es un concurso de canto. Ya desde una escena previa se introducen a los distintos personajes que participarán. Los protagonistas se presentan con canciones que evocan el soundtrack de su vida, pues evidentemente todos tenemos uno. La secuencia es intensa, dinámica y sobre todo divertida, es un factor del cual no carece “Sing” a pesar de instaurarse en lugares comunes con historias previsibles.

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“Sing” es como aquel reality show que cualquiera ansía ver: tiene canciones que la mayoría del público conoce, los personajes son entrañables, aunque comunes, se comunican con situaciones cercanas al espectador, es de ágil cocción, no tarda tanto la selección de los concursantes, el señor Moon es un director encantador, nos ahorramos la mala leche de los jueces espectaculares, así como los minutos lacrimógenos de los familiares, dramas innecesarios y, sobre todo, no tiene comerciales. Es la distancia abismal entre el espectáculo cinematográfico y también de animación. Los guiños bien provienen de esa cultura pop del espectáculo, es difícil desapegarse del referente de “La Voz”, por citar algún reality, sin embargo, no hay que dejarse engañar, la escena inicial donde metimos las narices tras bambalinas no tiene ni pizca de show televisivo, sino del cine musical a la vieja usanza, lo mismo sucede con el entusiasmo del pequeño Moon. Esta “Sing” es un antidepresivo como lo es “Cantando bajo la lluvia” (1956) con el mítico Gene Kelly, logrará que te diviertas si decides ser partícipe del espectáculo.

La cercanía con sus personajes nos puede convertir en aquella madre de familia obviada por su marido y sus 25 hijos (una verdadera historia de terror adornada con canción de Katy Perry), en el hijo despreciado por un padre delincuente, en la novia menospreciada por su novio pseudo rockero, en la jovencita tímida de gran voz, en el músico voraz en búsqueda del éxito. Todos clichés cuyos finales se presienten minutos antes de que termine el metraje, pero esto poco importa, porque el espíritu del señor Moon lleva el espectáculo hasta la vena más sensible y divertida, porque también, aunque un poco acartonados, los destinos de sus personajes son pequeñas fábulas bien intencionadas bordadas para el entendimiento del espectador: que las madres no tienen que ser máquinas del trabajo doméstico, o que las peleas entre padres e hijos pueden resolverse con un poco de permisibilidad por parte de los primeros, también que es necesario deshacerte de tu novio abusivo, y que no hay éxito sin el trabajo duro.

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Puede que se trate de una película de fórmula, pero también es un híbrido afortunado que mezcla el viejo anhelo del musical con las nuevas modas de adolescentes cantando el pop más chicloso, similar a una fiesta donde ponen tu canción favorita y que además es bailable, lo mejor que puedes hacer es ir y bailar, en este caso: ver, cantar y divertirte con el delicioso show que el señor Moon nos tiene preparado.

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Lucio Rogelio Avila

Adicto al cine, el arte, la música, la literatura. También al café. Sufro de sinestesia emocional.

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