“La vida secreta de tus mascotas” o Pet Story

De entre todos los aspectos cotidianos y hogareños, “The Secret Life of Pets” (2016) de Chris Renayd y Yarror Cheney, traducida en México como “La vida secreta de tus mascotas”, no hace justicia al título de su producción. La premisa juega un poco con lo desconocido: ¿qué hacen las mascotas cuando no estás en casa?

facebook twitter instagram Lucio Rogelio Ávila Moreno

Y de cierto modo los primeros minutos del metraje contestan la incógnita. Llena de colorido en una Nueva York multicultural, donde los dueños se reflejan en sus mascotas y estas a su vez adoran a quienes les cuidan, aprovechan el tiempo libre en casa como si de pequeños niños se tratara. El inicio promete, parece una pequeña película con un toque a lo “New York Stories” (1989) donde Martin Scorsese, Francis Ford Coppola y Woody Allen se reían de la sociedad neoyorquina acomodada, remilgosa pero feliz en sus pequeños vicios. Porque al final las mascotas son un poco un vicio, un capricho y una droga, un tema inmenso a explotar.

Sin embargo la película no va sobre mascotas en el hogar, ni tampoco las dinámicas que llevan las unas con otras, ni sus aventuras. Eso se dispone en los primeros diez minutos de la trama, cuando Max cuenta su historia con su dueña. Posteriormente le vemos en un día común a la espera al lado de la puerta, con sus vecinos visitándole, no sin antes mostrarnos también cómo se las arreglan ellos mismos en sus casas. Una gata regordeta y algo caprichosa, un pajarillo atolondrado, un perro salchicha que disfruta de los electrodomésticos como si de un rascador personal se tratase, una perrita mimada pero dulce, enamorada de Max. Un par de personajes más, divertidos aunque no del todo entrañables. La situación se complica cuando llega Duke a escena, un perro grande con el cual Max tendrá que compartir no solo departamento, sino también dueña.

Algo tiene la Universal Pictures que no logra innovar en las tramas de sus películas animadas. Aunados con Illumination Studios, los creadores de “Mi villano favorito” y los famosos minions, estos últimos parecen un golpe de suerte en la creación de personajes, que también demostraron no poder sostener una película en sus pequeños balbuceos, sin quitarles cierta aura de encanto con sus pericias. Las producciones de estos estudios no compiten con películas como “Zootopía” de Disney, donde se resignificaba el papel de los animales en una fábula que aboga por la inclusión de las especies y las diferentes culturas.

Por su parte, “La vida secreta de las mascotas” guarda pocos secretos, con una dinámica acartonada y predecible, hace guiños a la “Toy Story” (1995) de Pixar, con la incompatibilidad inicial de sus dos protagonistas, ligados a la competencia, los celos y la discordia, se perderán en la gran ciudad (literalmente) por culpa de sus diferencias. Para dejar en claro el acercamiento que deben tener ambos perros, emprenden el regreso a casa no sin antes encontrarse con animales abandonados y que ahora viven en la cloaca, comandados por un particular conejito enardecido. La aventura se emprende más allá del hogar, porque al final el regreso al dulce hogar es la respuesta, así como el mensaje de hermandad y convivencia.

Algunas risas están garantizadas, así como secuencias visualmente atractivas que llenan de color el viaje urbano. Lo que más causará gracia es el reflejo de quienes tengan mascotas, así como la secuencia final que tiene cierto encanto. Por lo demás, solo queda dejarse llevar por las posibles sorpresas que la maquinaria pueda ofrecer.

Como dato a considerar, la película ha sido uno de los mejores estrenos en las historia de Estados Unidos, con 103 millones de dólares para una película que no es secuela o remake. El récord lo ostentaba “Intensamente” (2015) de Pixar. Así que hay algo ahí por explorar para las mascotas y los animales. Esperemos que la próxima película de Illumination Entertainment, “Sing” de Garth Jennings, sea una bocanada fresca llena de humor.

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Lucio Rogelio Avila

Adicto al cine, el arte, la música, la literatura. También al café. Sufro de sinestesia emocional.

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