“ Ghostbusters ”, ellas sí, pero no…

“Ghostbusters” de Paul Feig, remake de la ochentera homónima de Ivan Reitman, se podrá presentir innecesaria en cuestión de trama y resignificación de contenido, sin embargo el impacto y el repudio del público hacia las protagonistas, ha demostrado que las nuevas cazafantasmas podrán levantar el polvo y quedar a deber en cuanto a la comedia, sin embargo son todo menos innecesarias.

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La conmoción y los ataques iniciaron cuando se estrenó el trailer de la nueva versión en Youtube. Los usuarios, que sin mayor empacho se han venido consumiendo remakes de películas de distintas épocas, producciones sobre superhéroes con misma trama pero distinto empaque, y un sinfín de sagas juveniles, deudoras de una industria cultural sustentada en las bellas damas sufrientes, enredadas en alguna triangulación amorosa; han esgrimido su derecho al “unlike” (“no me gusta”) como estadística dominante en el trailer de las cazafantasmas. Al parecer la nostalgia es un arma peligrosa, en esta ocasión el recuerdo colectivo de un público más bien masculino y acartonado, decidió que sus ídolos de la infancia no se tocan y mucho menos pueden ser mujeres.

Lo que pone en evidencia el desprecio de la nueva “Ghostbusters” es que las películas no son un sistema cerrado, llevan ya varias décadas sin serlo. Recientemente no funcionan como productos aislados en sí mismos, son un eslabón más en la cadena del consumo. La idea de las trilogías con precuelas, o películas emplazadas dentro de un universo en común (universo Marvel, por ejemplo) es un pretexto para que las franquicias sigan produciendo; poco importa si en algún eslabón la historia se desarrolla de forma escueta, el propósito es el estreno de otra película que seguramente ayudará a completar el rompecabezas. En el caso de los remakes la nostalgia juega un papel importante, el pasado les condena, en este caso ni siquiera se había estrenado la película cuando ya había ardido entre la opinión pública. La película fue recortada sin realmente existir, sin haberse visionado, se trata  del cine sin proyección, de la expectativa o de un plan de mercadotecnia mal llevado.

Y aunque podríamos decir que no hay mala publicidad, el fracaso en la taquilla ha condenado un proyecto valiente en su postura inicial: que las protagonistas de la historia sean mujeres, y aún más importante, que estos personajes no se ciñen a los clichés de la industria del cine, a los tópicos de la feminidad bordados por Hollywood. Ya en este sentido estamos hablando de un aspecto periférico, el público se ha enardecido por una inversión de personajes: ahora son mujeres. Probablemente la crítica más sesuda es que la inversión de género no aporta nada nuevo a la historia, y quizá esta es la intención, que aún bajo esta inversión la historia no cambia significativamente, que todo es mera invención de roles, pues las mujeres pueden hacer los mismos papeles que los hombres sin mayor dificultad.

El problema aparente es que son mujeres y el público se siente trastocado en su imaginario colectivo, son mujeres y se han metido con la nostalgia de ciertos hombrecitos, son mujeres que además buscan demostrar que los cuerpos hembra son solo eso, cuerpos hablantes con un género cosido a la identidad, aunado a ciertos roles sociales, de los cuales se desprenden los clichés que tanto desea el público y ha propagado la industria del cine. Ser mujer en el cine de Hollywood se traduce en comedias románticas con histéricas en busca del amor, el matrimonio, la monogamia y los hijos, complementarse en el otro, ya sea un esposo o la maternidad.

También pueden ser sexys femme fatales que se mueren por complacer la pupila del espectador; si el anterior ejemplo se liga a la reproducción y la estabilidad familiar, la representación de la sexy cazadora vende tetas y culo, tensión sexual entre sus colegas y además rivalidad con otras mujeres en pantalla. Su sensualidad no es más que un fetiche solícito para los personajes masculinos, un posible riesgo, una tentación, poco más, el sexo (la idea del personaje follable) rara vez se desprende del cuerpo hembra. Sin embargo esto no significa que no deban existir estas representaciones de la feminidad, el problema es que parecen ser el único modelo existente en el cine comercial, y peor aún, cuando salen otras posibilidades para los personajes femeninos desligados a las fantasías masculinas, entonces existe un conflicto.

La paradoja consiste en que la nueva “Ghostbusters” solo busca un espacio en el mercado, ni siquiera tiende a un falso feminismo, o espejismos sobre el empoderamiento de la mujer tan de moda hoy en día, y por lo tanto tan banalizado. No hablan del poder de la mujer o sus emancipaciones, ni de todas esas reducciones que tanto flotan en las redes sociales, con los comentarios de los semiexpertos que hablan de igualdad pero no se han leído nada sobre feminismos, ni de la primera ola, ni de la cuarta, ni de ninguna, aun cuando el feminismo no viniera en oleajes, sino que les sepultara el mar entero, es probable que estos comentaristas no se darían por enterados.

Por su parte las protagonistas de la película se encuentran muy ocupadas trabajando y pasándolo bien en una producción que no termina de convencer, pues carga con un humor gringo a momentos bastante seco. La historia no sabe a película, no se siente como cine, más bien es un cúmulo de sketchs para la televisión con cierta agudeza pero que reunidos no articulan un discurso conciso. Las actrices sobresalen a pesar de un guion que no termina de aprovechar la chispa de sus personajes, Kristen Wiig como académica en busca de renombre se presiente un poco apagada, ya comprendimos que desea reírse de sus papeles de perdedora, pero dar un vuelco a su interpretación no estaría mal; Melissa McCarthy saca buenas carcajadas ligadas al trabajo que mejor sabe hacer; la mejor es Kate McKinnon como Jillian Holtzmann, desparpajada e hilarante con una caracterización llamativa, difícil de obviar; Leslie Jones como la alegre Patty Tolan también hace lo suyo, aunque roza el cliché de la chica negra-gritona, es un personaje divertido e inteligente, un aspecto no quita el otro.

Dentro de esta inversión de género se encuentra Chris Hemsworth como el sexy y tontorrón secretario Kevin. Es un chiste demasiado obvio pero se disfruta, se trata de una supuesta cosificación sexual del niño bonito pero inútil, que está ahí solo para ser visto y utilizado como morada del ectoplasma ocasional.

La protagonistas charlan entre sí y van más allá del matrimonio o ser las bombas sexuales, incluso hablan sobre sus propios intereses, que es lo importante. Aunque parezca un aspecto básico y burdo, existe un test para mostrar el nivel de interacción entre los personajes femeninos de una película. Anita Sarkeesian popularizó el test Bechdel en la web gracias a su video-blog Feminist Frequency, la autora del test es Liz Wallace quien lo promovió en el cómic de su amiga Alison Bechdel, “Dykes to Watch Out For” (Unas bollos de cuidado) publicado en 1985. El test ayuda a evidenciar la presencia/ausencia de las mujeres en las películas y se remiten a tres preguntas básicas:

  1. ¿Existen dos mujeres o más que tengan un nombre?
  2. ¿Hablan entre ellas?
  3. Si hablan entre ellas, ¿hablan de algo más que no sean hombres?

Según Sarkessian en su video-blog el test no indica si una película es buena, mala o feminista, solo muestra la poca participación de las mujeres en el cine así como los intereses de los personajes femeninos dedicados completamente a los hombres. Anita busca evidenciar que la mayoría de las películas del Hollywood actual satisfacen a los hombres y tratan sobre ellos. Por lo que una película con mujeres burlándose de sí mismas como académicas de lo paranormal, charlando de fantasmas, ectoplasma y armas de combate, podrá parecer poca cosa, pero es interesante que “Ghostbusters” pase el test y no atienda clichés sobre la feminidad.      

Lo que también debería llamar la atención es que los actores siguen ganando más que las actrices por el simple hecho de ser hombres (revisar el artículo del El País). Es un problema de ricos que no debería causarnos mayor empacho, pero que tiene una vigencia aplastante, es un ejemplo visible y magnificado de lo que se vive en otros empleos y esferas sociales. Que aunado al oleaje misógino ante el estreno de la película, nos deja un claro mensaje por parte del público: “sí, que existan mujeres protagonistas, pero que no sean visibles, que no trastoquen nuestro imaginario”, ellas sí, pero no de esa manera. Una lástima, queda el precedente y quedamos a la espera de nuevas historias con sus protagonistas. Mientras eso pasa, revisemos esta película y que la nostalgia no nos engañe.

 

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Lucio Rogelio Avila

Adicto al cine, el arte, la música, la literatura. También al café. Sufro de sinestesia emocional.

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