Suicide Squad o el suicidio del espectador

“Suicide Squad” (2016) de David Ayer se estrena en el prurito de los superhéroes, heredera de “Batman v. Superman” de Snyder y los múltiples cuestionamientos que se presumen sesudos, pero que más bien funcionan para crear expectativas, exprimir la franquicia y presentar múltiples personajes para su posterior explotación en otros productos cinematográficos. Las dudas se creen acertadas, pero son un mero pretexto: ¿qué pasaría si el próximo Superman no compartiera nuestro código de convivencia y decide arrasar con el planeta entero?, ¿cómo podemos controlar a los entes de otros planetas, dimensiones o galaxias? Algo similar a la paranoia producida por el ataque extraterrestre en los Avengers, nos encontramos ante la búsqueda del arma perfecta para la defensa de la nación.

facebook twitter instagram Lucio Rogelio Ávila Moreno

Bajo esta lógica cualquier cuento es válido. El problema es que no se presenta ni como un juego de palabras, por lo tanto las imágenes se bambolean. El resultado es que nos cuesta creer lo que acontece en pantalla, aún cuando el público se ciña a sus fetiches y Hollywood juegue al espectáculo, algo falta, se escapa la autenticidad y la premisa. Otra duda expuesta es si los villanos, “los más malos de todos”, pueden salvar el mundo. La respuesta se presiente obvia: podrán salvar el mundo pero no el hilo conductor de su propia película.

“Escuadrón Suicida” no es irreverente, ni maligna y mucho menos perversa. Los malos no son malos, la ecuación no funciona, más bien nunca se supo enunciar. Malos sin rozar lo verdaderamente inmoral, sin poner en peligro a nadie, no representan ninguna amenaza más que para sí mismos, una amenaza que al paso de los minutos se convierte en algo cansino. Se deja ver desde los primeros minutos que estos villanos son personajes incomprendidos que rozan el estereotipo. Los verdaderos malos están en las cárceles, son policías corruptos que abusan del poder, así como el alto mando que no duda en sacrificar la vida de cualquiera que se interponga en sus planes.

Las secuencias con mayor dinamismo se encuentran al inicio del metraje, incluso parece que estamos a punto de ver algo realmente excitante. Viola Davis, a quien ahora le dan papeles de líder dominante, no es más que otro cliché misoginón de lo que pasaría si las mujeres tienen el poder. Los más perdidos creerán que ven algo distinto, pero nada más cercano a la imagen nociva de que las mujeres con poder (mujeres líderes) son frías y calculadoras, o en su defecto, caprichosas y desequilibradas. Algo tiene esta Amanda Waller de ambos clichés. Davis es buena actriz, pero se encuentra en un papel acartonado que no le permite moverse más allá de una cara seria y una leve sonrisa socarrona. Con este escaso registro facial, presenta a su escuadrón suicida, la parte más vistosa y colorida de la producción.

En esta secuencia la película se expone y desnuda. Lo que promete como presentación de un grupo audaz, termina siendo pura pose. Y esto es a lo que se refiere la película: pose, color y escaso dinamismo, poco más. Descubrimos que Deadshot es un padre afligido, interpretado por un Will Smith que todo lo ve y todo lo puede. Al actor le va bien hacerse el rudo, aquí un asesino de buen corazón. Smith mezcla los dos registros actorales que le conocemos: hombre rudo y padre bueno. No hay mayor complicación en el personaje, esto lo convierte incluso en una especie de héroe malinterpretado, que en algún momento cometió sus pecados y debe expiarlos para llegar a ser el ideal del padre tan arquetípico.

Por otro lado, Margot Robbie hace su mejor esfuerzo como Harley Quinn y se roba la película (aunque la verdad no hay mucho que robar), tiene los mejores gags y la mejor actitud, sin embargo no hay que caer en trampas facilonas, ¿qué tan difícil es interpretar a una rubia entre boba y socarrona? Harley Quinn es un cliché, al menos uno encantador que al final queda debiendo grandes dosis de locura. La subtrama con el Joker no termina de cuajar y Jared Leto demuestra que por más que se pinte y lo caractericen, como en “Dallas Buyer Club” (2013) o en este desangelado Joker, no logra una interpretación contundente. Es un niño bonito que al paso de los años demuestra ser mal cantante y peor actor.

El tercero en ser desarrollado es Jay Hernandez como Diablo, en una especie de telenovela un poco blanda. Es curiosa la facilidad de poner en escena temas de gran magnitud (como el asesinato, el padre-esposo violento, la culpa, el remordimiento) y balizarlos a nivel conceptual. El resto de los personajes poco importan. Deadshot, Harley Quinn y Diablo son un trío de convictos que ansían demostrar su etapa reivindicativa, “no somos malos, solo no sabemos comportarnos”. Al Captain Boomerang (Jai Courtney) no le importa el perdón de sus pecados, Killer Croc (Adewale Akinnuoye-Agbaje) apenas se expresa, imposible saber lo que desea, Katana (Karen Fukuhara) es un personaje de relleno y el soldado Rick Flag (Joel Kinnaman) peca de una total ingenuidad que casi lo hace entrañable.

Cara Delevingne como Enchantress es un bonito juego visual, ya sea cual sucia hechicera que parece perrillo de la calle o fantasma salido de una película oriental, así como la elegante dama de estética pseudo steampunk cuyo hechizo nunca terminamos de entender. Y tampoco es que interese, es pura reducción, el supuesto miedo a lo atávico, cuando argumenta que “creará una máquina que destruya a todos” revela esta mezcla entre ciencia y fantasía que poco desarrolla la película. El problema radica en que la trama juega todo el tiempo con distintos conceptos que nunca se comunican entre sí. La estética steampunk con su fantasía eléctrica poco tiene que ver con los planes fascistas que orquesta el personaje de Viola Davis, o los melodramas de sus protagonistas.

La dinámica tipo videojuego por la que opta la película, tampoco ayuda, la convierte en algo esquemática y predecible: sabemos que tendrán una primera misión (desconocida para los personajes, pero no para el público), enfrentarán a los subordinados del líder-villano (todos parecidos entre sí), tendrán sus inconvenientes (sale el Joker a lucir su risa esquemática), descubrirán algún dato revelador y después se urdirá el plan para una segunda misión, ya desde otra perspectiva, con un desarrollo en la psicología de sus personajes un tanto inverosímil, y vencerán al villano final, quién pone alguna traba previa (la batalla final tiene cierto brío). El soundtrack funciona cuando no se abusa de él, y en una sorpresa poco satisfactoria, no tenemos ningún momento de corte video-clip, sin embargo existen un par de tomas en cámara lenta que poco aportan al discurso o a la pura visualidad.

Con ello “Suicide Squad” no es mala película, solo mediocre como la mayoría de los productos que nos llegan actualmente sobre superhéroes. Atractiva en el empaque de la pose y el poster, pero sin inventiva para desarrollar y entrelazar las historias de sus personajes. El pequeño escándalo frente a su recepción es que creó cierto nivel de expectativa en sus seguidores, algunos salieron defraudados, el resto sabíamos a lo que nos ateníamos. Esto de ver todos los estrenos del verano, sobre todo las películas basadas en cómics de superhéroes, es la verdadera misión suicida. Se trata del suicidio del espectador.  

Comments

comments

Lucio Rogelio Avila

Adicto al cine, el arte, la música, la literatura. También al café. Sufro de sinestesia emocional.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *