No hay guión para las solteras

“How to Be Single” (2016) de Christian Ditter es la adaptación de una novela homónima de Liz Tuccillo, quien a su vez fue guionista de la serie “Sex and the city” (1998 – 2004). Los ecos están presentes más no la perspicacia. Los grandes detractores de las serie noventera, sobre cuatro neoyorquinas teniendo múltiples relaciones y experimentando con el sexo, cacarean sobre la similitudes y el humor que impregnan “Cómo ser soltera” (traducción en México), sin embargo pasan por alto que al menos la serie tenía perspicacia e ingenio, diálogos ágiles, un ritmo hilado en veinte minutos de ocurrencias que iban desde un falso feminismo, tan relamido y heredero de los años ochenta, hasta la guerra de los sexos (con referencias a la comedia screwball del cine clásico de Hollywood), sin embargo se permitía hasta cierto límite ser políticamente incorrecta. No hay guión para las solteras.

facebook twitter Lucio Rogelio Ávila Moreno

La sorpresa con “Sex and the city” se situó, en apariencia, bajo la novedad de mujeres hablando de sexo abiertamente, no eran las “nenas recatadas de la comedia” y buscaban algo más que el matrimonio, aunque la verdadera sorpresa debería ser que hasta finales del siglo XX existiera tal acontecimiento en la televisión, o en su defecto, que la gente sintiera atracción por ello. El verdadero escándalo es la sorpresa en sí misma, sorprende que la televisión y el cine apenas comenzaran, en los noventa, a bordar discursos más allá de la idea de la mujer y el matrimonio. En resumen: pensar en mujeres teniendo sexo sin un fin póstumo como lo es casarse, ya les creaba cierta excitación.

El problema esencial de las series y películas con personajes femeninos, es que los problemas se sitúan en el plano amoroso, la búsqueda de pareja, el hombre y el matrimonio perfecto, o en su caso, lo difícil que es evitar estos puntos para conseguir una especie de “carrera exitosa” pero equilibrada, con posibles avistamientos a un futuro monógamo. Dentro de estos mismos productos, y en contraposición, los personajes masculinos no se salvan del cliché, ellos son abusivos, indecisos y mentirosos, los estereotipos van para ambos lados. El problema es que el protagonismo femenino frente a cámara casi siempre recae en la búsqueda de la estabilidad familiar y emocional. El guión se ha escrito: en la comedia ellas solo buscan casarse, o tener una pareja estable que les ame. Vivir solas y consigo mismas es inaceptable, un destino un poco inconcebible.

La ecuación es acartonada, una de las representantes de este prurito emocional es la actriz Katherine Heigl, ¿Cuántas veces se le verá inmiscuida en la guerra de los sexos?, ¿logrará en algún momento representar más allá de esa mujer histérica que busca tenerlo todo, trabajo y familia, bien posicionado en la balanza? La industria del cine no tiene fisuras ni permite otros estereotipos de la feminidad, y cuando intentan modernizarse en el discurso, se topan con la pared de que incluso “la soledad o la soltería” son un territorio desconocido en el mercado de Hollywood.

“Cómo ser soltera” pone en evidencia que el cine siempre estará un par de siglos atrás de la literatura, sobre todo esta industria cultural que solo busca vender, porque aún en pleno año 2016 no han sabido mediatizar de modo ágil la idea de soltería. Las chicas solo quieren divertirse, eso ya lo sabemos, el público meta de estas comedias ha mutado y no se quiere casar, desean ser una especie de Carrie Bradshaw con el dinero suficiente para pagarse un pastel de cafetería internacional y charlar sobre el rollo que se echaron la noche anterior, ¿pero qué más? En este aspecto el mercado no se ha revitalizado, la protagonista de la película, Alice (interpretada por Dakota Johnson, en un giro irónico con su papel en “50 Sombras de Grey”) es una chica que siempre ha vivido con su novio en una relación estable, así que decide separarse de él por un tiempo para experimentar la soltería.

En la película transcurren un par de subtramas superfluas con hombres que vienen y van pero no le complementan; de la mano de su amiga Robie (Rebel Wilson, haciendo un poco de lo mismo, sacando las mejores sonrisas pero al final desperdiciada como siempre) descubre algunos hilos de diversión, pero se presiente que la soltería debería ser algo más allá de sexo y alcohol en fiestas desenfrenadas; la hermana de la protagonista es una médico obsesionada con el trabajo, buscando convencerse a sí misma de que no necesita un novio ni un bebé. El espectador también se pregunta si tales destinos son posibles en la industria, y aún más cerca, la duda sobre la película es si la trama sacará alguna carcajada monumental, pondrá en pantalla algo que se asemeje mínimo a un chiste con perspicacia, un buen ritmo o algún gag elaborado.

Es Alison Brie, en el papel de Lucy, quien evoca otro par de sonrisas en plena crisis, pero nada más, el personaje principal se pierde y olvidan en gran medida que el triunfo de “Sex and the city” se dio por la amistad entre las protagonistas. Las mujeres no solo tenían sexo y hablaban de sus intereses, sino que por primera vez se relacionaban con confianza y sin dañarse mutuamente. Ya después vendría “Desperate Housewives” (2004 – 2012) a reforzar el cliché de que las mujeres no pueden ser amigas ni honestas entre ellas.

El problema de “Cómo ser soltera” es que abraza de forma inconsciente la soledad, no amorosa sino ante la posibilidad de una amistad, existe una desconexión egoísta que se recubre de inocente independencia, al final la búsqueda de pareja no es otra cosa que la desesperación del complemento, y las amigas son las suplentes del vacío. Las protagonistas de la película están distanciadas, aún cuando sean hermanas sus historias apenas se rozan con algún pretexto circunstancial, la búsqueda de una pareja impide cualquier relación colectiva. Incluso la soltería es una fiesta un poco descafeinada, llena de lagunas emocionales, cuando el personaje de Robie, la amiga fiestera, reconoce que no recuerda ni el momento en que tiene sexo, parece enaltecer cierta indiferencia frente a los hombres, pero lo que en verdad enuncia su actitud es que ni siquiera disfruta del sexo, nada se queda, ni el placer ni la experiencia, solo la resaca.

Llegamos a conocer medianamente a Alice, que por lo menos no desiste en el tramo final sobre estar sola, aunque la solución sea precaria y baladí: lee un par de libros frente a la ventana (por ahí se aprecia “La campana de cristal” de Sylvia Plath, para darle cierta patina intelectual, pero aquí no se roza ni por error la genialidad de Plath), inventa un artilugio para bajarse la cremallera sin ayuda de nadie, hace ejercicio y se prepara para una expedición que siempre ha deseado hacer. Entrelíneas, se encuentra tímido el mensaje de no esperar al hombre perfecto para emprender el viaje de tu vida, poco más. Sin embargo, el discurso cinematográfico falla y se delata a sí mismo, al no poder retomar la intención del tramo final y hacerlo el verdadero pathos de la historia.

Lo que realmente pone en evidencia la película es que aún no hay guión rentable de cómo afrontar la soledad, específicamente la soltería femenina, sin caer en los sinnúmeros de clichés acumulados por la industria. A la misma protagonista de “Sex and the city” la casaron en la película póstuma, deudora de cierta melancolía. Lo más cercano a una propuesta a nivel masivo es la serie “Girls” (2012) de Lena Dunham, e incluso la misma autora cae en sus propias trampas de forma muy honesta.

Aún cuando todos hemos pasado por una soltería larga y placentera, o que en su defecto conocemos por lo menos una docena de personas que viven sin pareja y sin problemas, parece que la ecuación sigue sin descubrirse, o en su defecto, filmarse. Las historias existen, el problema es que no han llegado al cine, y si lo hacen, no se masifican porque no venden, ahí otro punto por atender, ¿cuál es el verdadero conflicto con la soltería?, ¿por qué el cine parece que no puede concebir a las mujeres solteras, con un desarrollo más allá de las relaciones amorosas y sin parecer objetos para emparentar?, y aún más imprudente, ¿en verdad debemos esperar con apremio que la industria logre comercializar el territorio aún deshabitado? Por su parte, esta película nos queda a deber las risas.

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Lucio Rogelio Avila

Adicto al cine, el arte, la música, la literatura. También al café. Sufro de sinestesia emocional.

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